M E L A N C H O L I A

melancoliabp.tumblr
algarin.es

Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena

Dirección: Av. de María Luisa, 8, 41013 Sevilla

Horario:  Lunes a Viernes: 9:00–21:00,

M  E  L  A  N  C  H  O  L  I  A

La estampa de Durero, seguramente la más misteriosa del genio del renacimiento alemán, es un summum de simbolismo compuesto de una complejísima iconografía. Una metáfora de la sabiduría. Sí, una obra de arte que muestra, quizás como ninguna otra, lo que supone la vida intelectual. O, como era comprendida en la época renacentista, la melancolía.
Ignacio Algarín (Sevilla, 1975), conjuga de manera magistral la dicotomía de ser historiador del arte y artista contemporáneo. Como investigador, aúna esfuerzos en realizar su tesis doctoral para la Universidad de Sevilla sobre algunas figuras de gran importancia del Renacimiento en Sevilla, dedicando incontables horas al estudio de fuentes documentales de los siglos XVI y XVII. Como artista, traslada en esta exposición algunas de las obras renacentistas que consulta, tal y como lo haría un artista de la época. Para ello, ha seguido la receta de tinta ferrogálica publicada en la Recopilacion subtilissima (1548) de Juan de Icíar. Pero ésta no es una mera labor de copia de las obras renacentistas, sino de la asimilación y traslación de un concepto en desuso, la melancolía, no como estado de tristeza, sino como concepto que define al intelectual.
Por ello, junto a las portadas de libros, el artista recrea cuatro figuras metafóricas de la melancolía, un término que ha evolucionado constantemente. Mientras que en la antigüedad clásica, Claudio Galeno de Pérgamo la identifica como una enfermedad, cercana a lo que hoy definimos como depresión, ya en el siglo XV Marisilio Ficino reelabora la idea de la melancolía bajo la luz del hermetismo, forjando un carácter peculiar ante la vida que lleva a sus “dolientes” a un estado de fervor por la contemplación y, así, al genio creador.
Quizás por esta razón, las melancolías elaboradas por Algarín muestran rasgos que, lejos de ser interpretados como tristeza, deben ser reconocidos como acedia o tedio metafísico, ya que todo el interés del afligido no se encuentra en la vida terrenal, sino en el tema de su estudio.
Para finalizar, el artista nos lanza dos advertencias. Primero, de manera moralizante, al igual que lo haría un artista del renacimiento, que la ociosidad es un peligro mortal para la búsqueda de la sabiduría. Y segundo, que la melancolía  puede adquirir fácilmente rasgos de sus hermanas, Luna y Colericus.
Melancholia muestra pues las dos caras del artista: el placer de la investigación de la historia del arte como camino humanista y la capacidad artística de Algarín de asumir un concepto y una técnica desarrolladas en la época moderna. De ahí, que no nos encontremos ante una muestra de facsímiles, sino ante un alegato a la vida en torno al arte, tradicional y contemporáneo.
Daniel Puertas Márquez

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